Revista LIBRA
El mediador, un camino a la esperanza

El tema de la posibilidad de mediar en casos de violencia familiar es una de las cuestiones más delicadas en el ámbito de la resolución alternativa de conflictos. En realidad el nudo de la cuestión es el desbalance de poder con el que se enfrenta el mediador.

El tema es tan serio que en los Estados Unidos el "State Justice Institute" que es una organización privada sin fines de lucro creado por el Congreso en 1.984 para desarrollar y apoyar proyectos par el mejoramiento de la calidad de la Justicia, ha establecido un subsidio para la Asociación de Tribunales de Familia y Conciliación (asociación integrada por jueces, abogados, mediadores, evaluadores consejeros que trabajan en cuestiones familiares) a fin de que se realice una investigación en este campo. Al respecto es de hacer notar que las cifras que arrojaron las estadísticas efectuadas por la justicia penal federal revelaron que, anualmente en ese país, dos millones de mujeres son víctimas de violencia doméstica por parte de sus maridos. Del total de los casos, sólo el 5% acusó que la víctima era el hombre.

Al margen de resultados estadísticos podemos afirmar sin lugar a duda que cuando el mediador está correctamente entrenado para actuar no sólo como mediador en cuestiones familiares sino que posee conocimientos en la dinámica del abuso doméstico, el uso de la mediación protege más a la víctima que un proceso adversarias. Si no hay certeza de que la mediación puede ser conducida en forma adecuada, el mediador debe abstenerse.

Al cuerpo de mediadores se van a derivar aquellos casos en los que se disputa, dentro del contexto familiar, el régimen alimentarlo, tenencia de hijos, régimen de visitas, divorcio y división de los bienes que componen la sociedad conyugal; es allí donde el entrenamiento y preparación del mediador lo van a llevar a detectar los problemas del maltrato familiar.

El maltrato o violencia familiar es toda aquella acción o falta de acción que ponga en riesgo la vida, la integridad psicofísica de uno de los integrantes de la familia.

Componen el cuadro de violencia familiar el abusador o victimario, la víctima o persona abusada y la sociedad en su conjunto.

Los victimarios son grandes defensores del sistema autoritario, personas que no pueden dominar sus impulsos, no están en condiciones de expresar sus emociones con palabras, maltratan corno una idea de disciplina o corrección, como respuesta incontrolada a la real o imaginaria conducta incorrecta de su víctima, o a sus frustraciones. A veces la conducta violenta forma parte de la identidad masculina, es un instrumento para mantener el rol de liderazgo en la familia para el cual fue educado. Otras veces la agresión es el resultado de un sistema de comunicación entre los involucrados, donde la acción de uno corresponde a la acción del otro.

El victimario agrede o maltrata como defensa, porque se siente víctima, como una forma de evitar sus sentimientos de inseguridad y rechazo. No tiene un concepto positivo de sí mismo. Se ha observado que el maltrato tiene su origen en las vivencias de la infancia, tendencias al alcoholismo, drogadicción y el estrés ocasionado por las condiciones de vida propias y de la sociedad global.

Las víctimas, por su parte, soportan el maltrato o la violencia debido a que sienten vergüenza o miedo de revelar la situación existente. Creen que la violencia es justificada y responde a un mal comportamiento de su parte. Convalidan la acción del victimario debido a que estos no se pueden contener, soportan los abusos con el convencimiento de que con el tiempo las cosas cambiarán y mejorará la relación, o bien porque el contexto económico, - dependencia, falta de vivienda, de trabajo-, o el social y cultural que se traduce en el miedo al aislamiento, al rechazo o a consecuencias aún más severas, les impide adoptar otra conducta.

La sociedad, que convive con este fenómeno familiar, ha respondido con indiferencia, silencio, ocultamiento.

Recién en las últimas décadas ha comenzado a interesarse, y ha tratarse esta problemática a través de centros especializados.

Cuando en el núcleo de una familia hay violencia o maltrato físico, emocional, sexual o por negligencia, estas vivencias son ocultadas por las víctimas durante años y años, hasta que la situación o la paciencia llega a su punto culminante. Es entonces cuando concurren a consultar por algunos de los temas relacionados a la crisis o ruptura del lazo familiar.

Es por todo ello que en el proceso de mediación, al detectarse maltrato o violencia entre las partes, el mediador como integrante de un equipo interdisciplinario-, debe ante todo tratar de contener a los componentes del sistema de violencia familiar. Educar delineando las consecuencias de la violencia, informar la existencia de centros especializados a los cuales pueden concurrir en busca de ayuda, y derivar el caso, - cuando las posibilidades lo permitan -, a los especialistas, sean psicólogos, médicos psiquiatras, asistentes sociales. Asimismo, y de llegar a un acuerdo sobre alguno de los problemas por los que acudieron los interesados a la mediación, se debe tener presente que lo primordial es la seguridad e integridad psicofísica de las personas.

El mediador, en definitiva, al tomar conocimiento de la existencia de violencia se convierte en una esperanza ara las partes involucradas, ya que con un abordaje integral y multidisciplinario empieza a solucionar y superar, aunque sea en una mínima medida, el conflicto o crisis familiar.

María Carmen ANCHIERI de SASSONE
María Laura VIANI
Abogadas. Relatoras de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil. Participantes del curso teórico-práctico de entrenamiento en Mediación Familiar organizado por el Ministerio de Justicia de la Nación en agosto de 1.992.