Revista LIBRA
Visiones del mundo, metáforas y resolución de conflictos

Llevar a las partes con diferentes visiones del mundo a un terreno común cumple un papel crucial en las modernas democracias culturalmente heterogéneas.

Todo individuo tiene un conjunto más o menos articulado de creencias básicas que configuran lo que podemos denominar una "visión del mundo". En buena medida se trata de creencias no explícitas o no reconocidas, ya sea porque permanecen ocultas o porque están demasiado a la vista, formando parte de lo "natural" o lo "obvio". Pero, a pesar de no ser atendidas o reconocidas, la existencia de tales creencias puede determinarse a partir de un análisis del comportamiento, especialmente cuando algún evento las pone en cuestión. En esos casos el individuo suele reaccionar con una fuerte carga emotiva o utilizando algunos de los conocidos mecanismos de defensa cognitivos tales como la negación, la distorsión o el aislamiento o "encapsulamiento" de la información amenazadora.

Es sabido que la visión del mundo de un individuo contiene elementos que comparte con todos los miembros de su cultura o subcultura, elementos que comparte sólo con algunos (su familia, su grupo de amigos o colegas profesionales, etc.) y elementos que le son propios, exclusivos. Por ejemplo, un adolescente que cree que todo el mundo está enormemente interesado en observar un grano que tiene en su nariz. Estas diferentes clases de elementos están interrelacionados pero el interés de los especialistas suele estar localizado en sólo uno de ellos. Así, en tanto que un psicólogo se interesará especialmente por las características más idiosincrásicas del individuo, un sociólogo enfatizará las características que lo hacen un representante de una cultura o sub-cultura dada. El especialista en resolución de conflictos trabaja generalmente en el nivel intermedio, en el nivel de los grupos sociales que operan en los diversos ámbitos de una sociedad dada y que pueden tener elementos de visión del mundo que los diferencian de otros grupos.

En sociedades culturalmente homogéneas, todos los conflictos son del primer tipo; los conflictos del segundo y tercer tipo sólo se dan entre miembros de sociedades diferentes. Pero, en la medida en que las sociedades se vuelven beterogéneas, los conflictos del segundo y tercer tipo también se dan, y de un modo creciente, dentro de una misma sociedad.

La pregunta que queremos por lo menos dejar formulada en este breve trabajo es qué puede aportar al especialista en resolución de conflictos tomar en cuenta la noción de visión de mundo. Por empezar, al introducir esta noción el campo de los conflictos éste queda dividido en tres espacios diferentes: el de conflictos en que las partes comparten la misma visión de mundo, el de los conflictos en los que comparten una visión sóloparcialmente, y el de los conflictos en los cuales no hay ningún elemento en común. Las tres situaciones pueden representarse usando diagramas:

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Frente a esta situación que, de hecho, caracteriza a la mayoría de las sociedades actuales, especialmente del mundo desarrollado pero también de las regiones menos desarrolladas, os especia istas en resolución de conflictos no tienen en general una respuesta adecuada. La razón es simple: las teorías y las técnicas que usan más comúnmente para encarar conflictos han sido forjadas teniendo en cuenta sólo el primer tipo de conflictos, en que las partes comparten una misma visión básica del mundo aunque tienen pero intereses y ambiciones que entran en colisión. Por ejemplo, los conflictos en torno de la remuneración de los trabajadores en los cuales se enfrentan sindicatos con empresas o cámaras patronales. En casos como éste, el análisis de la visión del mundo de las partes puede ser interesante para un sociólogo pero no aporta mucho a un especialista en resolución de conflictos ya que dicha visión, al ser compartida, no es fuente de conflicto.

Pero la situación es por cierto diferente en conflictos del segundo y tercer tipo. Ejemplos de este tipo de conflictos son la mayoría de los conflictos entre grupos étnicos, religiosos o lingüísticos dispares, los conflictos entre industrialistas y ecologistas, los conflictos de género, etc.

No es que no haya en juego aquí diferencias de intereses; lo que ocurre es que, junto a estas diferencias,existen diferencias entre las respectivas visiones que generan o refuerzan considerablemente los conflictos y los hacen particularmente difíciles de resolver.

Lo anterior no implica, sin embargo, que la teoría y la práctica corriente de resolución de conflictos sea inútil y deba ser simplemente descartada en estos casos. Por el contrario,es utilizable, pero no en la misma forma u oportunidad en que lo es en el primer tipo de conflictos. En todo proceso de resolución de conflictos se establecer un terreno común (common ground) entre las partes pero cuando las partes poseen diferentes visiones del mundo ello presenta dificultades específicas. Una vez logrado tal rreno común, pueden aplicarse muchas de las técnicas de mediación o facilitción útiles en conflictos del primer tipo.

Un problema crucial para llegar a establecer tal terreno común que se plantea en conflictos que implican visiones del mundo distintas es el de la traducción. Sostener visiones de mundo diferentes es como hablar distintos lenguajes, aun cuando las partes compartan el mismo lenguaje materno. En cierto nivel básico, las partes no se entienden o se maiinterpretan sistemáticamente unas a otras. De ahí 1 queunacuestióndecisivasea si es posible lograr un modo de traducir entre sí los lenguajes de diferentes visiones del mundo.

Existe una fuerte polémica entre los que afirman que siempre hay una posibilidad de traducción mutua y los que afirman que, en el fondo, nunca es posible traducir fielmente el lenguaje de una visión al de otra. En el caso especial de las teorías científicas, esta postura se conoce como la tesis de la "inconmensurabilidad" y ha dado lugar a un ardiente debate. No es éste por supuesto el lugar para entrar en el mismo. Mi postura es que, en el caso de lenguajes pertenecientes a visiones del mundo diferentes, la traducción mutua es posible pero sólo si se focaliza sobre ciertas partes del lenguaje. ¿Cuáles son ellas?

Como se ha mencionado antes, las visiones de mundo comúnmente permanecen en buena medida en un nivel subconsciente y, puede agregarse, pre-conceptual o proto-conceptual. El problema és cómo llegar a operar sobre este nivel por medios lingüísticos. Obviamente, no puede lograrse por medio del lenguaje en que se formulan análisis lógicos ya que éstos requieren un cierto mínimo grado de claridad y articulación conceptual. Las partes del lenguaje que a mi juicio son más relevantes en este caso son de otro tipo: los símbolos, las metáforas, las historias folk, etc. Tomaré aquí el caso de las metáforas con el fin de dar al menos una idea acerca de cómo puede llevarse a cabo un análisis del lenguaje metafórico que pueda ayudar al objetivo de que las partes se entiendan entre sí y mantengan un diálogo significativo, es decir, que se coloquen en un terreno común.

Las metáforas no son, como se creía tradicionalmente, sólo ornamentos literarios o poéticos. Pueden ser también poderosas herramientas cognitivas.

Desde un punto de vista puramente lingüístico, podemos decir con Aristóteles que "la metáfora consiste en dar a una cosa un nombre que pertenece a alguna otra cosa". Pero, además, las metáforas pueden tener un impacto experiencias directo, al poner en interaccion según lo señalara Max Black, dos dominios diferentes de nuestra experiencia, reestructurando y enriqueciendo a ambos. Así, cuando leemos en uno de los salmos "el Señor es mi pastor", esta metáfora nos da un buen ejemplo de los dos aspectos mencionados: el aspecto lingüístico (el sustantivo "pastor" es desviado de su uso normal y es aplicado a Dios) y el experiencias (los pastores -a quienes presumiblemente estaba dirigido el salmo en primer lugar- son llevados por la metáfora desde el dominio de su experiencia cotidiana concreta hasta el dominio abstracto que implica la idea de Dios).

Las metáforas, como lo han mostrado Lakoff y Johnson en su libro Metáforas de la vida cotidiana, estructuran en buena medida el lenguaje. El punto interesante para nosotros aquí es que la preferencia sistemática por ciertas metáforas puede proporcionar una clave para la visión de mundo del que habla. Daré un ejemplo adrede simplificado pero a mi juicio suficiente como ilustración de un tipo de análisis del lenguaje metafórico que puede ser útil para un especialista en resolución de conflictos.

El ejemplo está referido al caso de las metáforas orieiitacionales, esto es, metáforas basadas en términos literales referidos a orientaciones en el espacio tales como arriba-abajo, delante-detrás, izquierda-derecha, adentro-afuera, centro- periferia, etc. Por ejemplo, "está en la cumbre de su prestigio" o "está dominado por bajos instintos" son expresiones que responden a una estructuración metafórica arriba-abajo del lenguaje; "ha ido derecho al centro o núcleo de la cuestión" o "sólo se refirió a aspectos periféricos", responden a una estructuración centro periferia. Y así pueden multiplicarse los ejemplos.

La presunción es que una preferencia sistemática por parte del hablante por metáforas que utilizan alguna de estas dimensiones puede estar significativamente correlacionada con su visión del mundo. Así, una preferencia por la dimensión arriba-abajo puede estar correlacionada con una visión jerárquica, mientras que una preferencia por la dimensión centro periférico puede indicar una visión holística u orgánica, etc.

Volviendo entonces ahora al problema de la traducción, supongamos que nos enfrentamos con un conflicto en el que una de las partes muestra una fuerte preferencia por metáforas "verticales" (arriba-abajo), otra parte por metáforas "circulares" (centro-periferia), y tal vez otra por metáforas "horizontales" (izquierda-derecha). Se puede suponer entonces que tenemos frente a nosotros tres visiones diferentes del mundo. La pregunta es: ¿puede llegar a entenderse esta gente entre sí? Mi posición es que el entendimiento mutuo en el nivel de las metáforas básicas es posible porque cada parte tiene en su propio bagaje de experiencia la potencialidad de re-crear las metáforas de la otra parte. En este ejemplo, la gente que usa las metáforas verticales tienen la base experiencias requerida para entender las metáforas circulares y horizontales, y viceversa. Esta comprensión requerirá por cierto el gran esfuerzo de "ver" el mundo de otro modo que el habitual. Si se logra, ello constituirá una llave para un diálogo significativo entre las partes y para entrar así en el tratamiento propiamente dicho de los asuntos conflictivos. Si ello no se logra, y se continúa con un infructuoso "diálogo de sordos", no se podrá obviamente crear el terreno común sobre el cual basar un proceso de resolución del conflicto.

Una condición sine qua non que se requiere para ese diálogo significativo es que las partes logren un reconocimiento de la existencia y las consecuencias de sus propias metáforas básicas y las de las otras partes. Es en este punto que las habilidades de un mediador se vuelven cruciales. Me refiero especialmente a las habilidades para crear una atmósfera en la cual las partes no se sientan forzadas o amenazadas a abandonar sus propias metáforas y así usar sus mecanismos de defensa cognitivos sino, por el contrario, se sientan alentadas a participar en un proceso'de diálogo. Este diálogo no sólo puede servir para resolver el conflicto concreto en que las partes se hallan involucradas sino, más allá de ello, representará una oportunidad de aprendizaje y enriquecimiento personal en una nueva dimensión para las partes involucradas.

Oscar NUDLER
Miembro del Consejo Directivo de la Fundación Bariloche Profesor invitado en la George Mason University, Fairfax, Virginia