Revista LIBRA
Apuntes sobre la neutralidad
por la Lic. Florencia Brandoni

La neutralidad es un tema que no escapa a la vivencia cotidiana de los mediadores. Es un tema ineludible de la técnica.

En términos generales la literatura especializada sostiene que: el mediador no someterá a su propio juicio moral la conducta ni las pretensiones de los disputantes, así como tampoco las propuestas de solución que se den. Dará lugar al sistema valorativo y cognitivo de los disputantes. Se abstendrá de poner en juego sus afectos, simpatías y antipatías, que lo comprometan en el enfrentamiento. Pondrá en suspenso su universo valorativo y afectivo. Se destituirá narcisísticamente. Evitará el establecimiento de alianzas con una de las partes. Y se abstendrá se caer en propuestas de parcialidad a que lo inducirán las partes. Las personas en la mediación normalmente invitan al mediador a una alianza, o buscan convertirse en el favorito, bajo la creencia que capturando al mediador en su historia, saldrán beneficiados en el resultado del procedimiento. Este comportamiento no necesariamente es conciente ni mucho menos malintencionado. No olvidemos también que el mediador se ofrece para ayudar a resolver la disputa y busca generar empatía con las partes.

El mediador, entonces, dará idéntico valor al relato de cada parte, sin en dar la veracidad de los hechos, y tratará comprender el marco interpretativo de cada uno.

Sin perjuicio de compartir esta definición, la práctica nos interroga a diario a acerca de cómo sostener una posición neutral, cuando inevitablemente sentimos resonancias internas frente a 1os relatos y padeceres de los disputantes con los que trabajamos.

Recojamos del psicoanálisis conceptualizaciones que también delinean la posición del tercero neutral, constitutiva de la mediación. En los escritos técnicos, Sigmund Froid es elocuente sobre la posición que debe tomar el psicoanalista en referencia a este tema y vale igualmente para el mediador: "No sé cómo encarecería bastante a mis colegas que en el tratamiento psicoanalítico tomen por modelo al cirujano que deja de lado todos sus afectos y aun su compasión humana, y concentra sus fuerzas espirituales en una meta única: realizar una operación lo más acorde posible a las reglas del arte". La metáfora es contundente . En ese mismo artículo, indica que "el médico no debe ser transparente para el analizado, sino, como la luna de un espejo, mostrar solo lo que le es mostrado". Esta frase refleja el aspecto más indicativo de la "neutralidad valorativa".

A propósito de las dificultades que presentaba en los análisis el surgimiento del amor de transferencia de los pacientes, es que Freíd enuncia la regla de abstinencia para el psicoanalista como condición para el desarrollo de la cura: "el analista es no neutral por naturaleza, por su mera condición humana; pero en el curso de un análisis, se abstiene".

Intentemos ahora precisar la relación entre la neutralidad y la abstinencia. La primera resulta una posición abstinente en tres aspectos:

a) Abstenerse de disparar rápidas y lúcidas conclusiones (además de sentencias y psicodiagnósticos), sobre la convicción de que nuestra comprensión no alcanza para saber de 1a posición subjetiva desde la que reclama y habla cada individuo.

b) Abstenemos de nuestras preferencias y prejuicios delicadamente cultivados, porque somos sujetos de riesgo que como todos nos identificamos con aquello que resuena en lo mas recóndito de nuestro ser.

c) Abstenerse de proponer soluciones, pretendiendo saber que es lo mejor para el otro y lo que le conviene. Sobre todo cuando sabemos que la disputa no es tan sólo por un objeto y visible. Además, se trata de que cada uno pueda conocer y pronunciar sobre sus deseos.

Me surge el recuerdo de un caso en que una pareja que convivió durante varios años quería dividir una propiedad comprada por ambos en ese período de tiempo. Pesaba sobre ésta una hipoteca que figuraba a nombre de los padres de él, pero era cancelada mensualmente por la pareja. Entre varias alternativas de solución que se formularon, aparecía la posibilidad de que ella, quien estaba viviendo en el departamento desde la separación, se quedara con el inmueble. Le intereso especialmente permanecer en la que consideraba su casa. Negociaron entonces que para poder concretar esta opción, ella debía tomar a su cargo la deuda, liberando a sus suegros, y darle a él un dinero, que equivalía a la mitad de lo ya pagado por los dos. Ambos estaban de acuerdo. Luego de que ella analizara las posibilidades reales constituir una nueva hipoteca a su nombre, y viendo que sería viable abonarla, abordamos el tema del dinero que recibiría él. Fue entonces que manifestó no tener apuro y le propuso que se lo pagara del modo en que ella deseara, siempre dentro de un plazo de 18 meses. Ella se comprometió a traer una propuesta por que debería afrontar sola elpago de la hipoteca. En la reunión siguiente, propuso pagarle la totalidad del dinero convenido en el término de los dos meses subsiguientes al acuerdo. Había decidido hipotecar la casa de su madre, quien poseía ese único bien, para saldar su deuda con él. Esta propuesta había sido creada con asesoramiento legal y financiero. Estaba debidamente informada.

¿Por qué? ¿Por qué ella se plantea concretar la opción más cara y riesgosa a sus intereses económicos? Digo más cara por la tasa de interés que pagaría, y riesgosa porque de no poder hacer frente a la deuda, correría peligro la única propiedad de su madre.

Este es el punto en que mi neutralidad se vió cuestionada. ¿Qué hacer con mi idea de lo caro, riesgoso e innecesario de la oferta? Yo pensaba que ella podía proponerle: 18 cuotas mensuales, un solo pago al cabo de 18 meses, 6 cuotas trimestrales, 4 pagos fijando sólo el monto de la primera y compromiso de saldo total al finalizar el plazo sin obligarse a una suma fija en las dos cuotas intermedias, etc.

¿Cómo suspender mi propia valoración?

Tenía que encontrarle un sentido, una lógica, una coherencia a la propuesta de ella y sólo podía lograrlo si lo pensaba en el contexto de la relación de "esa" pareja. Durante los años de convivencia ella había tenido un buen trabajo, con buena remuneración. El estudiaba y finalizó sus estudios universitarios. Luego se dedicó a tareas que lo apasionaban pero sin beneficio económico. Sus trabajos rentados eran irregulares. Ella había cargado con el peso económico. Ella podía, él no podía. Si bien esto era motivo de queja por parte de ella, su propuesta era totalmente coherente con los términos en que se dio la relación. La solución que se planteaban podía entenderse a la luz de la historia que tenían. Asimismo evidenciaba que no sólo se trataba cuestiones de dinero; porque si así hubiera sido, ella hubiese buscado una ventaja económica. Debí reflexionar entonces: si yo opino sobre la mejor solución e insisto en lo que para mí es mejor, ¿qué hay de la autocomposición del conflicto, del acuerdo como reflejo de la voluntad y la singularidad de las partes, del mantenimiento del poder por parte de los disputantes? ¿Por qué habría de valer lo que yo haría en su lugar, si se trataba de la vida de ellos? Cuánto he podido comprender de la trama vincular en la que esta propuesta tiene correlato? Claro que también debí preguntarme: por qué me sentí tan involucrada en este caso. Esta última respuesta la reservo para mi intimidad, sólo por razones de pudor, a pesar de considerarlas de suma importancia.

Pude reubicarme en mi función: abstenerme de opinar, valorar y aconsejar. Por otro lado, ¿de qué hubiera servido que yo le aconsejara y le explicara qué era mejor para sí misma?, si como dice Freud: "Contra las pasiones de poco valen unos sublimes discursos".

Es de utilidad recordar los aportes de G. Cecchin , quien desde la teoría sistémica, entrelaza los principios de la hipotetización, la circularidad y la neutralidad. La técnica del interrogatorio circular se usa para desarrollar, refinar y descartar hipótesis (técnica para quebrar la interpretación única), lo cual ayuda a construir un contexto de curiosidad y neutralidad.

Vale la pena señalar que si insistía en "mis alternativas" perdía la neutralidad. Sin embargo, aventuro que ninguna de las partes hubiera notado una parcialidad hacia ella, ya que mi opinión personal se acomodaba dentro de un rango aceptable para él, sin causarle detrimento alguno.

Por lo tanto, es importante diferenciar la neutralidad del mediador de la percepción de imparcialidad que tienen los disputantes acerca de su actuación. Si coincidimos en esta distinción, tenemos entonces que reconocer que hay personas con un umbral dé sensibilidad muy bajo (o alta suceptibilidad), y podrían interpretar una toma de posición o el establecimiento de una alianza, donde no 1a hubo. Claro que la habilidad del mediador está en poder detectar y escucha atentamente a las partes sin pasar por alto una característica de esta magnitud que lo colocaría en un lugar de alta exposición.

Finalmente, la pareja realizó un acuerdo económico que reflejaba su historia vincular.

La experiencia demuestra muchos casos de mediadores que han propuesto soluciones, fueron rechazadas por los disputantes, porque no se correspondían con su historia familiar, ni con el derecho de ésta. Los rechazos responderían a distintos factores, pero tomemos dos que hace al tema de análisis: la falta de escucha activa y la puesta en juego de valoraciones, e identificaciones del mediador.

Podemos concluir que la neutralidad del mediador es la única garantía para concretar en la práctica característica estructurales de la mediación:

Sólo sosteniendo la neutralidad habrá espacio para la puesta en juego de la subjetividad de los individuos.

REFERENCIAS:

  1. Freud, Sigmund, "Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico" (1912), Obras Completas, T.12, Amorrortu Editores, 1976, pág. 114.
  2. Freud, Sigmund, op. cit. pag 117.
  3. Waisbrot, Daniel; "E] analista, sus vasallajes y las configuraciones vincularas. Aproximaciones ideas y problemas". XII Jornadas Agosto de 1996, "Intervenciones en Clínica vincular psicoanalítica". Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Pag, 46 y sig.
  4. Waisbrot, Daniel; op. cit., pag 46.
  5. Tausk, Juan, "Intersecciones: Mediación y Psicoanálisis", Revista Actualidad Psicológica, A;o XXI, n 237; Buenos Aires; Noviembre 1996,pag.4.
  6. Freud, Sigmund, "Puntualizaciones sobre el amor de transferencia", Obras Completas, Amorrotu editores, T.XII, pag 167.
  7. Cecchin, Gianfranco; "Nueva visita a la hipotetización, la circularidad y la neutralidad: una invitación a la curiosidad. Sistemas familiares". Abril de 1989. Pag 15.
  8. Diez Picazo, Luis; Familia y De¡-echo; Civitas; pag 23.
  9. Brandoni, M. Florencia; "Hipótesis desde la práctica de la mediación". Revista Actualidad Psicológica. A;o XXI, n 237; Buenos Aires; Noviembre de 1996; pag 12 y 13.

Lic. Florencía Brandoni
Mediadora de LIBRA. Psicóloga.
Integrante del Centro de Mediación Ministerio de Justicia.
Tutora de Pasantías en LIBRA.