Revista LIBRA
Un ABC ignorado
por la Lic. Ana María AMIDOLARE

Aprender a tomar conciencia de los conflictos, enfrentarlos y buscar soluciones, es ejercer el poder y la responsabilidad de uno mismo.

Una de las verdades de Perogrullo afirma que a la escuela se va a aprender; así es que, nuestra Enseñanza Media, de corte enciclopedista, corrobora esta afirmación.

Si observamos las casi 60 asignaturas que corresponden a todo el ciclo secundario, vemos que ninguna de ellas le enseña al estudiante la mejor manera de enfrentar y resolver un conflicto cotidiano dentro y fuera del ámbito escolar.

Este aprendizaje para la vida es lo que obviaron las instituciones educativas.

Generalmente se trata el tema de la comunicación en "abstracto", como idea o pensamiento, pero no se baja al hombre concreto, a Juan y Pedro peleados porque compiten deslealmente por una nota, una chica o porque son los líderes de dos grupos enfrentados... ¿Qué hacer con esto? ¿Cómo solucionarlo?

Nada mejor, en cualquier asignatura, que lo teórico se simplifique con lo práctico, que el hacer sea la letra viva del libro y que lo aprendido ayude al joven a ser mejor persona.

Por esto, adquirir habilidad desde lo teórico-vivencial sobre un método eficaz para la resolución de conflictos es avanzar en el terreno de la comunicación, favoreciendo un mejor clima grupal.

La Mediación es un procedimiento que reconoce en el conflicto una posibilidad de encuentro que facilita llegar a un saldo positivo.

Nuestra cultura occidental privilegia la discusión como forma hábil de solucionar una disputa, donde lo más frecuente es que una de las partes triunfe y la otra sea derrotada. De este modo el resultado final es la fuerza de un punto de vista, no la excelencia del mismo.

La principal objeción de este método, sin profundizar en el mismo, es que toda la energía creativa no está siendo usada para hallar ideas mejores, ya que comúnmente las partes se rigidizan.

Dejando este esquema ganador-perdedor, sabemos que con la aplicación de métodos alternativos de resolución de conflictos podemos llegar al esquema ganador-ganador, es decir obtener para ambos ganancia y específicamente resolver el motivo de disputa.

Así el cambio de valencia del conflicto pasa de negativo a positivo, ya que se da también la oportunidad a cada parte de que pueda expresar no sólo el hecho que motivó esa diferencia, sino además los sentimientos sufridos por esa situación.

El Mediador, actuando como facilitador, hace posible que las partes se manifiesten y proyecten su esfuerzo en la búsqueda de soluciones que van más allá de sus posiciones individuales.

Uno de los programas a implementar en los colegios secundarios es el entrenamiento destinado a aquellos alumnos que cursan cuarto año. En él, a través de un curso específico, se los habilita para oficiar de Mediadores, es decir facilitadores de resolución de conflictos entre sus pares. Estos jóvenes se postulan libremente para acceder al curso y se someten a una selección que les exige reunir las condiciones necesarias de personalidad requeridas para la tarea.

Como la base y el eje de la labor educativa son los docentes, ellos no pueden estar ajenos a este programa.

Así es que, cuando ingresa el equipo de instructores sobre Mediación a las escuelas, informa a todo el personal docente y no-docente sobre los objetivos y alcances de la Mediación y su forma de aplicación concreta en el ámbito escolar.

Luego, aquellos docentes que por interés y condiciones personales desean capacitarse, pueden hacerlo y están así habilitados para mediar en cierto tipo de conflictos.

Los padres, como integrantes de la comunidad educativa, no deben estar ausentes de este programa y se los inserta en él, de acuerdo a la presencia y actividad que la Asociación de Padres tenga en cada escuela.

En estos momentos en que nuestra Enseñanza Media acusa un debilitamiento general, por múltiples motivos, tanto en el sector docente como en el alumnado, es un estímulo Positivo introducir la posibilidad de tratar las desavenencias, insatisfacciones y problemas que se suscitan, en un espacio reservado e íntimo para expresarse y buscar una solución.

En los Estados Unidos, donde hace más de una década la Mediación se aplica en la Educación Elemental y Media, ya se han recogido los frutos de este entrenamiento que apunta a formar actitudes frente a situaciones que comúnmente o se niegan, o crean distancia y resentimiento.

Ellos han comprobado que el conflicto tiene un valor subyacente positivo, ya que produce un encuentro y la posibilidad de una pacífica expresión de las diferencias. En el conocimiento de estas diferencias, ya sea de percepción sobre un evento, de valores, de estilos de comunicación, o de tantas otras que componen lo heterogéneo de nuestra sociedad, es donde el joven toma contacto con la realidad social, que va más allá del ámbito familiar.

Poder acceder a que una tercera persona les facilite el camino para lograr un acuerdo, simplifica los hechos, sabiendo que esa persona no resuelve por ellos, ya que la decisión final recae sobre cada uno de los disputantes, lo que los hace absolutamente responsables de su conducta.

Los estudiantes tienen el pleno control sobre la disputa, y esto es importante para la gente joven, ya que a menudo se sienten sin poder. Al señalarle a los adolescentes su capacidad para enfrentar, resolver sus conflictos y hacer acuerdos, se contribuye a fortalecer su autoestima y a promover el valor social de la responsabilidad.

Respecto de nuestra joven democracia, que demanda ciudadanos capacitados en la toma de conciencia de los conflictos que surgen en sus ámbitos de acción, nos damos cuenta de que estamos fortaleciendo un sistema. Porque enseñando a desarrollar habilidades conciliatorias, que ayuden a resolver problemas comunitarios, se promueven los valores cívicos y las responsabilidades sociales.