Revista LIBRA
La armonía a través del conflicto
por Enrique MARISCAL

El correo puede estar en huelga, o ser negligente, pero la única carta que con seguridad no llega jamás es la que no se envía. Si la sociedad argentina no intenta profundizar las vetas del protagonismo democrático, puede autolimitarse a la mera ceremonia del voto: una agitación reductora del conflicto pero que carece por sí misma de poder transformador. La mediación es una conquista democrática silenciosa, diligente, profundamente pacificadora, orientada a resolver creativamente los conflictos humanos, no a vivir de ellos.

Es mucho más fácil reformar un procedimiento administrativo que cambiar una actitud. Existe mayor probabilidad de pagar la deuda externa que de transformar algunas posturas mentales arraigadas en nuestra sociedad: nostalgia versus aquí ahora; dependencia versus autonomía; seguridad versus innovación. La mediación implica una nueva mentalidad operando, una apertura conceptual enraizada en una amplitud perceptiva, un percatamiento incisivo en la dinámica realidad del conflicto.

El mediador es un facilitador de luz en el campo brumoso de las posiciones enfrentadas.

La visión productiva del conflicto no atiende tanto al peso argumental, como a la apreciación de las diferencias en litigio hasta encontrar su punto de armonía. El mediador opera como un facilitador de luz en el campo tenso y brumoso de las posiciones enfrentadas, irreductibles, temerosas de perder. La luz ayuda a las partes un protagonismo ineludible, a una responsabilidad no delegable en ningún magistrado, juez, árbitro o negociador. La visión creativa desmitifica la solemnidad de las posiciones, descalifica al síntoma, reubica a la memoria en un presente pleno de posibilidades: crea las condiciones de un futuro digno donde todos ganan al ampliar los términos del enfrentamiento inicial.

¡Alégrense de estar en un conflicto! Es la hora de aprender algo nuevo.

El conflicto no es una fatalidad. Es la visita del límite. Es un ingrediente de la realidad misma. Es el llamado a la oportunidad. La ocasión es fugaz, es el tiempo justo de incorporación de la nueva energía. Crisis en griego clásico significa ruptura, se quiebra un orden para permitir el acceso, a través de un desorden, a un equilibrio superior. Por eso la justicia es la oportunidad del amor. Es el punto exacto para la armonía a través del conflicto. Se trata de una energía que impregna al planeta de oportunidades de transformación: la estupidez se hace inteligencia, el sufrimiento inútil, intensidad de goce; la tensión bélica, plenitud de paz.

La mediación llama a la confianza porque opera desde la sabiduría.

No hablamos de utopía, porque aunque signifique etimológicamente el mejor lugar, arrastra valoraciones idealizantes, altamente críticas para una cultura vitaminizada en el escepticismo y la suspicacia. Sin embargo es necesario advertir que el veneno de la mala fe, por efecto Pigmalión, da cumplimiento a la profecía nefasta. La mediación llama a la confianza, porque opera desde la sabiduría, no desde la mera información; es inteligencia aplicada, no mera jurisprudencia asentada; es creatividad operando, no-complacencia egocéntrica por el logro de una obsesión. La mediación es el tránsito creativo por el punto de armonía en el conflicto de intereses. Un camino para ganar-ganar. Un sendero de humanización. La irrupción de una nueva conciencia. Es el fin de numerosas sucursales de la industria próspera del litigio: el nacimiento osado de una nueva profesión.

Enrique MARISCAL
Profesor de Filosofía. Licenciado en Ciencias de la Educación y Psicología. Consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Director del Centro para el Desarrollo Docente de la Facultad de Derecho (UBA)