Interdisciplina y Mediación
por Lic. Ana María Amidolare

En psicología se dice que el neurótico no ve lo obvio. Esta es la primera frase que me viene a la mente ante el título Interdisciplina y Mediación.Temática que en estos últimos meses promovió más de una Jornada y Seminario de Mediación. Título importante e imprescindible para comprender tanto los requerimientos del aprendizaje como del ejercicio de la función. Pero me pregunto frente a esta convocatoria intelectual ¿ es que estamos tan neuróticos como para no darnos cuenta que un solo saber no podría agotar todas las respuestas que demanda una situación de conflicto, aún la más simple?

Luego de la experiencia considerable de una década de estar mediando, de entrar y salir de situaciones humanas muchas veces tortuosas, en una danza polarizada que siempre nos exige la construcción esforzada de nuestra propia neutralidad , me pregunto si sólo la formación en una única disciplina nos bastaría para ser eficaces?

La palabra disciplina hace referencia a la delimitación, a la acotación de un objeto de estudio. Trabajar en interdisciplina es estar atento a conocer el aporte de lo que descubren otras disciplinas, ampliar la mirada para asumir la realidad compleja que se presenta.

Conocer es también conocer los límites del propio conocimiento.

Cada ciencia va necesitando cada vez más la presencia referencial de otras para el delicado abordaje de las realidades sociales. Estamos ya transitando el III milenio y parecería ser que estamos volviendo al siglo XVII cuando Descartes proponía el pensamiento binario. Por esto, los filósofos señalan que está inscripto en este pensamiento la conformación del “Paradigma de Occidente”, en el cual se determina una doble visión del mundo, en el que se separa al sujeto del objeto aislándolos y ubicándolos a cada uno en una esfera como queriéndolos preservar así de un posible contacto intelectual. Por esto podría ser, que en nuestra cultura los polos opuestos nunca se tocan y siguiendo esta premisa estaríamos apostando más a la exclusión que a la inclusión.

Sabemos que los individuos actúan según los paradigmas inscriptos culturalmente en ellos, ya que la acción sigue al pensamiento. El riesgo es caer en una simplificación , en un reduccionismo incapaz de ligar los conocimientos a favor del todo.

Creemos que tenemos que romper con esta visión fragmentada, con la ilusión de elegir entre blanco o negro, con la atracción de estos juegos de suma cero generadores de insatisfacción. Estos no condicen con la creatividad que logramos desarrollar en la Argentina a través de la instalación de la Mediación..

Trabajar atento a lo que descubren otras disciplinas es aprender a integrar, articular, ver más allá, respetando el origen y las fuentes. No es desestimar, no es reemplazar , es quizás asumir la complejidad global del fenómeno y buscar la mayor cantidad de respuestas a las necesidades sociales.

Soy conciente que este es un pensamiento que aún prima en nuestra sociedad y también soy conciente que nosotros mediadores, como agentes de cambio, tenemos que facilitar la ruptura de estos viejos esquemas que aún persisten y que ya no funcionan.

Sabemos que los Métodos de Resolución de Conflictos colaboran con la prevención de la violencia, y si nos preguntamos qué es prevenir la violencia? , cómo se hace? seguramente los discípulos de Perogrullo dirían que la premisa principal sería no incentivarla. Acaso ejercer la discriminación no genera violencia? Acaso recortar la parte de un todo, dándole poder absoluto a este recorte, desmereciendo y despreciando el todo, favorece la paz?

Los mediadores ya aprendimos que lo que tenemos que mirar y darle duro es al conflicto, no a cada parte. Lo importante es este todo que tenemos que atacar y que las partes contribuyeron a conformar y que por medio de la flexibilidad para los propios cambios van a contribuir a resolver. Aprendimos así, desde la tarea, la importancia del todo.