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Gracias al Maestro Enrique Mariscal

por Gladys Stella Álvarez

Apareció en nuestras vidas –despareció de este mundo el 6 de setiembre pasado– y en nuestra práctica docente universitaria cuando la Facultad de Derecho de la UBA volvió a transitar los caminos de la democracia, año 1983. El decano que asumió Dr. Eugenio Bullygin, me convocó para diseñar una nueva carrera docente y me dijo “Podés invitar a ese pedagogo que trabaja técnicas grupales”, lo habíamos conocido en la facultad cuando enviado por el rectorado dio un seminario sobre el tema. Fue designado director del Centro para el Desarrollo Docente y la que suscribe subdirectora. Maravillosos años de trabajo hecho con pasión para un nuevo modelo de profesor. Ningun docente a cargo de los talleres que armamos era abogado. Una verdadera revolución que enriqueció la tarea docente, nueva visión del proceso enseñanza-aprendizaje. Sus libros inolvidables, “Jardinería Humana”, “El arte de Navegar por la Vida”, “Cuentos para personas inteligentes” “El poder del alma – Tu conexión interior” “El poder de la Pasión”, todos de la editorial Serendipidad.

Los sábados Enrique convocaba a un taller sobre Creatividad, con el lema “no se otorgan certificados” Aprendimos Técnicas dramáticas para el docente, manejar y redactar casos, en fin.

Esta pedagogía, y ese grupo de docentes constituyó la base del equipo que tuvimos en Fundación Libra, incluido Enrique que publicó en el número 1 el artículo “La armonía a través del conflicto” que reproducimos a continuación.


La armonía a través del conflicto

por Enrique MARISCAL

El correo puede estar en huelga, o ser negligente, pero la única carta que con seguridad no llega jamás es la que no se envía. Si la sociedad argentina no intenta profundizar las vetas del protagonismo democrático, puede autolimitarse a la mera ceremonia del voto: una agitación reductora del conflicto pero que carece por sí misma de poder transformador. La mediación es una conquista democrática silenciosa, diligente, profundamente pacificadora, orientada a resolver creativamente los conflictos humanos, no a vivir de ellos.

Es mucho más fácil reformar un procedimiento administrativo que cambiar una actitud. Existe mayor probabilidad de pagar la deuda externa que de transformar algunas posturas mentales arraigadas en nuestra sociedad: nostalgia versus aquí ahora; dependencia versus autonomía; seguridad versus innovación. La mediación implica una nueva mentalidad operando, una apertura conceptual enraizada en una amplitud perceptiva, un percatamiento incisivo en la dinámica realidad del conflicto.

El mediador es un facilitador de luz en el campo brumoso de las posiciones enfrentadas

La visión productiva del conflicto no atiende tanto al peso argumental, como a la apreciación de las diferencias en litigio hasta encontrar su punto de armonía. El mediador opera como un facilitador de luz en el campo tenso y brumoso de las posiciones enfrentadas, irreductibles, temerosas de perder. La luz ayuda a las partes un protagonismo ineludible, a una responsabilidad no delegable en ningún magistrado, juez, árbitro o negociador.

La visión creativa desmitifica la solemnidad de las posiciones, descalifica al síntoma, reubica a la memoria en un presente pleno de posibilidades: crea las condiciones de un futuro digno donde todos ganan al ampliar los términos del enfrentamiento inicial.

¡Alégrense de estar en un conflicto! Es la hora de aprender algo nuevo.

El conflicto no es una fatalidad. Es la visita del límite. Es un ingrediente de la realidad misma. Es el llamado a la oportunidad. La ocasión es fugaz, es el tiempo justo de incorporación de la nueva energía. Crisis en griego clásico significa ruptura, se quiebra un orden para permitir el acceso, a través de un desorden, a un equilibrio superior. Por eso la justicia es la oportunidad del amor. Es el punto exacto para la armonía a través del conflicto. Se trata de una energía que impregna al planeta de oportunidades de transformación: la estupidez se hace inteligencia, el sufrimiento inútil, intensidad de goce; la tensión bélica, plenitud de paz.

La mediación llama a la confianza porque opera desde la sabiduría.

No hablamos de utopía, porque aunque signifique etimológicamente el mejor lugar, arrastra valoraciones idealizantes, altamente críticas para una cultura vitaminizada en el escepticismo y la suspicacia. Sin embargo es necesario advertir que el veneno de la mala fe, por efecto Pigmalión, da cumplimiento a la profecía nefasta. La mediación llama a la confianza, porque opera desde la sabiduría, no desde la mera información; es inteligencia aplicada, no mera jurisprudencia asentada; es creatividad operando, no-complacencia egocéntrica por el logro de una obsesión. La mediación es el tránsito creativo por el punto de armonía en el conflicto de intereses. Un camino para ganar-ganar. Un sendero de humanización. La irrupción de una nueva conciencia. Es el fin de numerosas sucursales de la industria próspera del litigio: el nacimiento osado de una nueva profesión.

Enrique MARISCAL. Profesor de Filosofía. Licenciado en Ciencias de la Educación y Psicología. Consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Director del Centro para el Desarrollo Docente de la Facultad de Derecho (UBA)


Invitamos a quienes quieran recordarlo en esta página

A la memoria de Enrique Mariscal

por Damián D’Alessio

Querido Enrique:

Hoy te escribo para recordar…No sé si para recordar cómo eran aquellos tiempos de la docencia en la Facultad de derecho de la UBA a inicios de los ’90 cuando junto a Gladys llevaste adelante el Centro de Formación Docente; no sé si lo hago acordándome de cómo me inspirabas y de cuánto nos movilizabas las mañanas de los sábados en la histórica aula 100 adónde todos los que concurríamos ya sabíamos de antemano que en esos “encuentros vivenciales” no acreditaban puntos para la carrera docente ni se entregaban certificados, y sin embargo sábado tras sábado ahí estábamos. ¿Sabés una cosa? Creo que sí sé por qué te recuerdo, y es porque dejaste una marca en mi alma: no una grande, una pequeña, casi inofensiva, diría que hasta humilde; pero así te recuerdo a vos porque no ofendías e insistías siempre con el tema de la humildad.

Esta marca es sin embargo profunda, me llegaste (y nos llegaste hondo) a quienes pudimos disfrutarte. Y si me preguntás ahora –tal como lo hacías entonces- qué fue lo que más me movilizó te digo sin lugar a dudas una de las muchas historias que nos contaste para que estemos atentos en nuestra tarea docente, no sólo para que nos observáramos a nosotros mismos sino también a nuestro entorno. Me refiero a aquélla en la que dos chicos encuentran en las serranías un gran huevo y deciden ponérselo a la pava para que lo empollase. Fue así que al tiempo nació un pichón oscuro, fornido y voraz que a medida que iba creciendo incitaba a sus padres y hermanos con: _ “Bien, ya comimos… ¡ahora salgamos todos a volar!”. Una y otra vez que lo decía, sólo recibía por respuesta: “Los pavos no vuelan, a vos te debe estar haciendo mal la comida”. En esa tediosa y aplastante rutina el pavito hablaba cada vez más sobre comer y menos en volar. Creció y murió con la idea de que los pavos no volaban, pero resulta ser que él era un cóndor. Estaba listo para volar a miles de metros de altura, tenía todo para hacerlo: ganas y condiciones pero como nadie volaba, murió en la pavada general.

Con esta historia, para mí profunda, deseo hoy querido maestro Enrique recordarte y agradecerte mucho porque me ayudaste a estar atento hacia el adentro y el afuera, pero con humildad -como tu marca que ahora llevo-. Y lo hago sabiendo lo eso significa ya que también me enseñaste que la humildad protege; decías: - ”Tiene el mágico poder de lo simple”.


Enrique… un inspirador

por Ana María Amidolare

Nos conocimos, a mediados de los 80, siendo compañeros de un curso de formación en psicoterapia gestáltica a cargo de Mabel Allerand. Ahí conocí aspectos de su personalidad que lo mostraban como original…creativo…y provocador. Gracias a ese encuentro recibo la propuesta para trabajar en el Centro de Desarrollo Docente de la Facultad de Derecho de la UBA, primer centro universitario de estas características, del cual fue director.

Personalmente fue un gran desafío en mi actividad profesional ya que ingresaba a un mundo desconocido e incierto para mí. Porque pasar del mundo de la psicología al del derecho es un salto importante en cuanto a los perfiles profesionales de cada carrera.

Me ayudó a insertarme en ese ámbito su fórmula “H2O” simple como el agua, que la repetía especialmente, honestidad, humildad y osadía. Así es que con este aval, comencé con mi primer taller de título arriesgado “Stress en la docencia”.

Importante etapa de aprendizaje a su lado, en sus talleres, en sus reuniones de “la Yerbera”, en las reuniones sociales entre amigos, donde cada uno de nosotros se iba con algo movilizador, diferente e insospechado que estaba más allá de lo esperado. Este jardinero humano e incansable navegador de la vida siempre terminaba sorprendiéndonos.

Cómo olvidarse del “burococo”, virus de las instituciones que paraliza cualquier iniciativa… o del arte de sufrir inútilmente donde mostraba la invalidación de la queja…tanto dicho...

Rescato dos anécdotas, de las tantas que viví con él:

Estaba en un taller suyo, como participante en Derecho, con 20 integrantes más, y Enrique llega totalmente afónico a conducir el taller, sin posibilidades de emitir sonido. Me mira y escribe en un papel “Ana tomalo vos porque yo no puedo hablar”. Recuerdo como mi corazón por un instante se paralizó, respiré profundo y “salí al toro”. Al llegar a mi casa supe lo que era sentirse agotada por el stress afrontado.

La otra más liviana para mí fue cuando por una invasión de mosquitos en la facultad nos íbamos a dar clase a la plaza de enfrente bajo los árboles al mediodía, algo insospechado, en ese entonces, para abogados de traje y corbata con intenciones de aprender pedagogía, sentados en el césped, que recibían esto entre confundidos y atraídos por lo insólito.

Además mi reconocimiento hacia este pedagogo también tiene que ver con abrirme puertas para una nueva profesión, la de mediadora, donde ampliar la mirada y encontrar más posibilidades que las que aparecen, es indispensable. Esto es porque gracias a él conocí a Gladys Álvarez, una precursora y estimuladora incansable, que a través de la creación de la Fundación Libra logramos en equipo una organización formadora, pionera en lo suyo, que lleva hasta hoy, un mensaje pacificador para la resolución de los conflictos sociales.

Enrique decía que el verdadero maestro “inspira” a sus alumnos para que sean…y vuelen con alas propias.

Gracias maestro….tarea cumplida… descansa en paz…


Se me hace difícil escribir sobre Enrique Luis Mariscal

por Marta María Mazzuchelli

Se me hace difícil escribir sobre Enrique Luis Mariscal, tal la riqueza de los encuentros compartidos.

Sus charlas, libros, programas radiales, entre sus producciones, revelan su esencia, ligada al perfume de sus enseñanzas, siempre al arte de aprender.

Lo recuerdo escondido detrás de la creatividad de uno de sus personajes : “Segismundo Irastorza” en “Estar atento” (1984). Allí se presenta como “ filósofo y psicoterapeuta, por lo tanto educador…” En su narrativa nos lleva a cuestionarnos sobre el monótono clima en que vivimos, atados al sufrimiento y expresado con voces singulares, grupales e institucionales.

Cuál es la llave? Estar atento al aquí y ahora, como apertura al darse cuenta, que a su vez propicia el camino del cambio, como respuesta eficaz del estancamiento en la resolución de los conflictos.

Enamorado del Amor, de lo simple y trascendente, “energía ascendida” que devela el verdadero yo , dando señales de oportunidades para quienes deseen recorrer su personal camino, y aspiren a transformarse en “Jardineros Humanos”

La oportunidad de prepara el terreno y el tiempo de la siembra, el cuidado de los brotes, el riego y la necesidad de tutores que guíen .

“El buen sembrador no mira hacia atrás cuando desparrama su trabajo de amor, confía que no todas las semillas caerán sobre piedra. Una sola basta para testimonear su obra” (Manual de Jardinería Humana, 1990).

En uno de los últimos capítulos nos hace reflexionar sobre la muerte visible (lo corporal), cuando enuncia que para evitar la pérdida de la energía corporal tenemos que generar tanta radiación como una lámpara de 100 voltios. “Cuando se apaga esta luz morimos; para nacer a otra aurora “

Querido Enrique, lo pienso y lo siento, y le digo : "Hola Maestro, ya estás en tu verdadero Hogar”, muchas gracias, una alumna.