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Paz, Derechos Humanos y Acceso a la Justicia

por Mario Yutzis

Las personas solo pueden ejercer su libertad, y cumplir con la finalidad "de la vida buena" y la paz que ésta conlleva, en el marco de un contexto donde las normas de convivencia apoyadas en principios universales le posibiliten esta legítima aspiración.

Y viceversa, el marco de la justicia y las normas sólo adquieren sentido en la medida en que sirvan para un buen propósito, es decir, para aquellos fines valorados como bienes para la realización de lo que hay de humano en el propio ser humano.

Sabemos que, en esta perspectiva, son muchos los que se han ocupado de abordar las tensiones entre la idea del bien como finalidad o lo bueno por una parte, y los principios de justicia o lo justo, por la otra. En nuestro caso no intentamos privilegiar una u otra idea.

En este sentido el sujeto que nos apela y desafía es una persona de carne y hueso -como decía Unamuno- capaz de establecer relaciones éticas de solicitud y cuidado con el otro cercano, es decir, en su condición particular pero que también y necesariamente está relacionado y obligado con el cada uno que representa el universo de todos los demás. Aquí el término otro representa dos condiciones simultáneas pero diferenciadas: el prójimo y el cada uno.

El prójimo de la amistad y el cada uno de la justicia componen un ethos que pretende abracar en una única fórmula bien articulada el cuidado de sí, el cuidado del prójimo y el cuidado de las instituciones

Estos apretados conceptos previos deben interpretarse como un esfuerzo por señalar que la idea de justicia no es puramente «moral», sino que también posee un significado «ético» en donde «lo justo» se sitúa entre «lo legal y lo bueno», que «el sentido de la justicia no se agota en la construcción de los sistemas jurídicos» como algunos autores pretenden. Lo justo -creemos- no puede definirse recurriendo al bien, sino que debe construirse mediante una deliberación que se produce en esas condiciones de imparcialidad máxima cercana a lo que Rawls llama «posición original» donde los actores en cuestión eligen los principios de justicia y suscriben de común acuerdo un contrato por el que se comprometen a su cumplimiento.

Sirvan estos breves elementos previos para poner de manifiesto en esta ocasión, el nacimiento de un nuevo derecho emergente en el plano internacional para el ejercicio de la justicia que llamamos el Derecho Humano a la Paz. Está situado entre los llamados Derechos de la tercera generación o "derechos de solidaridad" lo que significa aceptar la existencia de esta categoría de derechos humanos. Importa destacar que estos derechos son individuales y colectivos y sus titulares pueden ser individuos y entidades colectivas. y pretenden instalar como lo decimos en el párrafo anterior, un nuevo contrato internacional cuyo objetivo es trasladar el valor universal de la paz a la categoría de derecho humano.

Ahora bien, si decimos que el derecho es por esencia un orden para establecer y mantener la paz, estamos diciendo que el derecho es por esencia un orden para establecer una paz justa, una paz que contenga un adecuado y equilibrado y no discriminatorio sistema de derechos y deberes en función del bien común.

En este aspecto, si paz y derecho son conceptos y prácticas ineludiblemente unidos, si paz y justicia se integran recíprocamente, si paz y seguridad también son conceptos necesariamente relacionados, lo mismo ocurre con la relación entre paz y desarrollo. Es decir que, por este camino, paz, justicia y derechos humanos son conceptos ineludiblemente ligados en su teoría y en su práctica.

Desde esta perspectiva finalizamos estos comentarios afirmando lo siguiente : que la paz debe estar basada en la justicia y que, por tanto, todas las víctimas sin discriminación tienen derecho, en su reconocimiento como tales, a la justicia, a la verdad, así como a una reparación efectiva de conformidad con lo dispuesto en la resolución 60/147 de la Asamblea General de NU del 16 de diciembre de 2005, que aprobó los Principios y Directrices Básicos sobre el derecho de las víctimas de violaciones manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos y de violaciones graves del derecho internacional humanitario a interponer recursos y obtener reparaciones.

En todo estado de derecho, el no acceso a la justicia transforma al derecho consagrado por la ley en una entidad abstracta y puramente teórica y de esta manera atenta contra la paz y concomitantemente contra la vida misma.